Detalle Oxido 1

 

  • La obra de Camplá se caracteriza en general por un trazo fluido, seguro y enérgico que pareciera provenir directamente del inconsciente. Sus trazos no denotan nunca una intención determinada. Sólo son. Simples y directos. Jamás presentan una duda. Es una “escritura” llena de honestidad y sin pretensiones. Es una suerte de no voluntad la que ejecuta. Un no yo y un todo yo al mismo tiempo. Pintar para el artista termina siendo una suerte de acto zen, de presencia total y ausencia absoluta. Sólo hay un presente, una tela y una acción que fluye desde lo más profundo. El resto no existe. La consecuencia son cuadros llenos de formas orgánicas que parecen provenir de un mundo mágico y profundo. Un mundo que no se agota, que no se acaba. Cada cuadro puede ser observado por horas y siempre se encontrarán nuevos detalles, nuevas formas y nuevas interpretaciones.

 

  • Podríamos decir que su obra es una especie de serendipity, un accidente feliz, una placentera sorpresa que nace de una mano guiada por fuerzas inconscientes, por destellos de luz y color que vienen desde lo más profundo. Hay en ella también un proceso de investigación, de descubrimiento, de cambio y de superación. Un no quedarse en lo que ya se hizo. En hacer cada vez una nueva apuesta y reflejar una nueva visión del interior. Llevarla hacia afuera. Plasmarla, pero siempre tratando de conservar esa especie de automatismo tanto psíquico como físico que determinan la veracidad total de su trazo.

 

  • Para el autor sin embargo, sus cuadros deben ser un verdadero test de Rorschach, en que cada persona vea lo que le interese ver. Que cada uno encuentre sus propios significados interiores, que el mismo espectador sea también un creador de su mundo individual. Incluso ponerle título a sus obras se le hace difícil para no influir en las percepciones del espectador. Sin duda, desde un punto de vista conceptual, la psicología que estudió y en especial las ideas freudianas, se hacen presentes como ejes rectores de este camino profundo, de este tránsito entre lo interno y lo externo. Es todo un viaje de descubrimiento interior plasmado en una tela a través de acrílicos, carbones, lápices y otras técnicas. Llama la atención que –muy extrañamente- el artista utiliza algún pincel. La mayoría de sus cuadros están pintados sin ellos para “no restringir la libertad del acto creativo”.